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EL CABANYAL AGUARDA EL DESBLOQUEO

50 sueños del Cabanyal esperan licencia

2014-06-29Publicat per:
Medio centenar de comerciantes y vecinos aguardan el desbloqueo para construir sus casas o abrir negocios
El Cabanyal necesita oxígeno, después de cuatro años de paralización del plan de reforma ordenado por la ministra González-Sinde. Mientras otros barrios siguen con su día a día, en esta zona del Marítimo cada noticia que llega crea expectación.

El anuncio del acuerdo entre el Gobierno central y el ayuntamiento para incluir modificaciones en el proyecto ha suscitado esperanza en unos y polémica en otros. Pero los que más atentos están son los vecinos o comerciantes que iniciaron trámites para realizar reformas de viviendas o de bajos comerciales y que se quedaron pendientes de licencia.

Son algo más de medio centenar de residentes los que tienen los proyectos con el visto bueno municipal, pero con la licencia suspendida. La paralización ordenada en abril de 2010 marcó un antes y un después.

Este tema también preocupa mucho a arquitectos o reformistas que aseguran que está en juego sus trabajos porque, «aunque sí se pueden hacer obras menores o mejoras de fachada por urgencia, hay gente que no lo pide porque creen equivocadamente que no se puede».

En el ayuntamiento sí hay estipulados ciertos casos donde se conceden licencias. «Cuando lo solicitado no supone un acto de aplicación del PEPRI», es uno de ellos. «Cuando se trata de licencias de primera ocupación», según reza en un informe municipal. «Cuando se trata de obras menores, como reformas de cocinas y baños». Y se conceden «en aquellos supuestos en los que, aún tratándose de actos aplicados del PEPRI, concurren razones de interés público prevalentes, como la seguridad de personas y bienes con amenaza de ruina; por el cumplimiento del deber de conservación, para corregir patologías como aluminosis o filtraciones; para garantizar las condiciones de accesibilidad (como instalar ascensores o reforma de zaguanes a cota cero); y la protección del patrimonio cultural (intervención en edificios catalogados).

Emiliano García Presidente comerciantes ACIPMAR «Quedan nueve meses para las elecciones»

Emiliano García, presidente de la asociación de comerciantes y profesionales del Marítimo (ACIPMAR), es un hombre emprendedor. Es sumiller, tiene una bodega afamada en el Canyamelar, es patrono de la Fundación Bancaja, entre otras muchas cosas y, además, se había propuesto abrir un negocio con siete apartamentos turísticos para atraer visitantes al Cabanyal, pero desde hace un par de años está esperando que le den licencia, algo que de momento no es posible por la paralización del PEPRI del Cabanyal. «No había solicitado antes la licencia para rehabilitar toda la finca que he adquirido en la calle de la Barraca porque sabía que no las concedían», detalla. El problema es que el año pasado le requirieron para que actuara en el saneamiento de la fachada, «y entonces ya dije que, como me exigían que actuara de urgencia, de paso hacia todo el proyecto», añade. El proyecto está aprobado, «pero no me dan la licencia. De hecho, ni siquiera me han contestado para decir si me la dan o no». Emiliano ya lleva invertidos 30.000 euros en un proyecto que no puede impulsar. «Me he gastado ya 6.000 euros en los trámites de licencias y 8.000 euros en arreglar el tejado y evitar la caída de cascotes, además de más dinero en el proyecto de los arquitectos y los informes energéticos». Como este comerciante no ha recibido respuesta del Consistorio, «incluso he llegado a pedir que me hagan una valoración del dinero que necesitaría para denunciar al ayuntamiento por silencio administrativo. Me costaría 9.000 euros. Hace un año me hubiera lanzado, pero como quedan nueve meses para las elecciones municipales, vamos a esperar a ver qué pasa porque si voy por vía judicial, como es lento, de aquí a mayo no me darán solución».

Emiliano explica indignado que «no se puede tener durante años a un barrio bloqueado, sin darle oxígeno ni posibilidad de que la gente haga vida normal, abriendo comercios o haciendo reformas de viviendas. Añade que, «cada vez que hablo con los bancos, me cuentan que mucha gente quiere invertir aquí y abrir negocios, pero que no pueden porque no hay licencias». Además, indica que «no pueden decir que con el desbloqueo la cosa ya va adelante, porque si hay que modificar el plan, eso significará hacer cambios y eso no es cuestión de meses, sino de años, que no nos engañen».

Eva Carrascosa y Francisco Mulet son un joven matrimonio con dos hijos que tienen como proyecto de vida hacerse una casa típica del Cabanyal. Ella es nacida en el Cabanyal, en la calle Escalante, junto a la avenida de los Naranjos y, aunque actualmente vive en otro barrio, «me hace mucha ilusión volver al Cabanyal. Somos muchos los jóvenes que queremos regresar a nuestros orígenes, pero el barrio está atrapado en el tiempo, ha ido cambiando y degradándose. Un día hasta lloré cuando vi a gente haciendo hogueras en plena calle». Esta pareja compró en la calle Tramoyeres una propiedad que está para tirar y edificar de nuevo. «La adquirimos en septiembre de 2009 y, estuvimos bastante tiempo adaptando y cambiando cosas del proyecto que nos pedían. Cuando ya lo teníamos todo claro, resulta que González-Sinde paraliza el barrio en abril de 2010 y, desde entonces, estamos esperando», comenta Eva. Fue uno de los primeros proyectos en sufrir la paralización. Su madre le guarda recortes de prensa de todo lo que sale del Cabanyal. «Cuando cambió el Gobierno central anunciaron como inminente el desbloqueo y seguimos igual. Ahora dicen que se va a modificar, pero llevo ya tantos chascos que hasta que no vea que levantan la suspensión de licencias, no me lo creeré». Eva explica que «puedo entender que quieran hacer ciertas modificaciones del plan, pero es que en mi caso, la casa está muy lejos de la prolongación. Lo normal es que nos dejaran edificar. Yo hay veces que digo que al paso que van, la casa no estará hecha hasta que nos jubilemos y seguimos ahorrando». Eva Carrascosa detalla que uno de sus hijos, «cada vez que pasamos por delante, me pregunta que cuándo nos darán los papeles». Añade que han puesto todos sus ahorros en el solar, «y no puedo edificar, pero tampoco puedo venderlo porque la persona interesada tampoco podría construir». Eva asegura que es una pena «porque los albañiles, arquitectos y obreros tendrían trabajo». A esta joven se le ilumina la cara cuando habla de cómo será su casa, porque estará cerca de sus padres «y tengo nostalgia de un barrio donde la gente se sentaba a la fresca en verano y teníamos al lado la playa. Que dejen todos de politizar el barrio».


Miguel Moliner y su esposa Noelia Barcelona están pagando un crédito por la adquisición de un solar para construir una vivienda unifamiliar que es el sueño de sus vidas. Este matrimonio sí vive en el Cabanyal, «pero estamos en un piso con sólo dos habitaciones y mis dos hijos tienen que compartirla. Pensamos en hacer la inversión y empezamos con el tema en 2008. El expediente es de ese año y nos tiramos durante mucho tiempo adaptando todos los cambios que nos pedían en el consistorio. Querían una composición de fachada muy concreta y cada poco tiempo nos pedían alguna cosa. Al final un día me planté allí con una hoja en blanco y les dije ‘decidme cómo queréis la fachada y la hago tal cual’, con tal de iniciar la obra», detalla Miguel Moliner. Cuando ya consiguieron que les aprobaran el proyecto justo llego la orden ministerial de González-Sinde. «No entendemos por qué si el expediente era de 2008 y en 2010 ya estaba todo claro, por qué no nos dejaron edificar», añade. Además, se da la circunstancia de que cuando «compramos el solar había una orden de edificación forzosa para hacerlo en un año y ahora resulta que estamos atados de pies y manos». Miguel y Noelia no quieren perder la esperanza, «cada pocos meses llamo a ver si dan licencias, pero incluso hemos puesto cartel de ‘Se vende’ porque estamos desesperados».

Como por debajo del solar pasa agua, «nos ha crecido hasta un árbol. El año pasado lo talé y resulta que ha vuelto a salir y saqué 20 sacos de basura de maleza. Lo llamativo es que me piden que limpie, pero no me dejan edificar. Lo que pedimos es que se aplique el sentido común». Este matrimonio detalla que han llegado a preguntar «si podemos poner una casa de madera o usarlo como garaje, pero no nos dejan hacer nada. O dan licencias pronto o habrá que esperar a las elecciones». Aseguran que la paralización les genera costes, «porque además, irán variando las normas de edificación y nos tocará adaptar proyectos y gastarnos más dinero».

Santiago Fe Castell se crió en otro barrio de la ciudad, pero cuando conoció el Cabanyal, pensó que era una zona ideal para vivir. «Compré la casa en 2010, la cual había sido edificada sobre el año 2005». El problema radica en que «quería convertir la planta baja, que es un garaje, en un bajo comercial para poder atender a los clientes de mi empresa, y resulta que está bloqueada la licencia».

Santiago pidió el cambio de uso de este espacio en 2012. «Fui dando todos los pasos que me exigían, subsanado las deficiencias que planteaban sobre el proyecto, pero cuando llegué al final del proceso, es cuando me dijeron que todo estaba bien, pero que la licencia estaba en suspensión. No sabía de antemano que la fueran a dejar en suspenso, después lo que cuesta el proceso».

Este vecino comenta que había recogido en el proyecto «todo lo que exigía la normativa, con un baño para minusválidos y una puerta ignífuga, tal como pedían los Bomberos, pero no se pueden hacer estas mejoras porque no me conceden la licencia y he invertido ya 2.000 euros para no poder avanzar en nada».

La cuestión es que dejó el alquiler de otro local y al no poder abrir el nuevo ha tenido que volver de alquiler nuevamente. «Compré la casa con la idea e ilusión de tener la oficina junto a ella, pero dadas las circunstancias, no sé el tiempo que pasará hasta que se haga realidad».

Indica que es una pena que se haya retardado tanto la mejora del barrio, «porque es una zona estupenda, es como vivir en un pueblo, sin ruidos además cerca de la playa, y en la que no echa en falta ningún tipo de servicios». Al mismo tiempo, detalla que por la paralización «el barrio, ni mucho menos, se halla en la misma situación de igualdad que otros de Valencia. Hace falta consenso ya».


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