Cerca:

Mitjà:

Any:

A vueltas con el Cabanyal

2014-03-10Publicat per:
"Salvar esas casas, esas estructuras, esa planificación urbanística, es más que un problema urbanístico. Estamos hablando de salvar un estilo de vida culturalmente civilizado que no exige gastos, que no está hecho para la especulación, sino para la gente sencilla, con valores humanos y no económicos", defendió José Luis Sampedro.

El pueblo del Cabanyal-Canyemelar fue anexionado a Valencia en el año 1897, en aquel momento nada hacía presagiar que su cercanía al mar, años después, lo convertiría en objeto del deseo de una alcaldesa obsesionada con los grandes eventos y con un urbanismo empecinado en tropezar mil veces con el mismo ladrillo.

Todo aquel que ha tenido ocasión de pasear por sus calles sabrá que hay algo especial en este barrio que lo ha convertido en todo un símbolo de resistencia, por su lucha vecinal y por la propia idiosincrasia del lugar. Las demoliciones especialmente ejecutadas desde la administración municipal con el objeto de degradar el barrio (en Almería son los invernaderos, en el Cabanyal los solares) no hace más que constatar lo transcendental de la participación ciudadana, lo fundamental que ha sido que vecinos hayan dado la batalla en la calle y en los tribunales para frenar el expolio al que está siendo sometido el barrio.

El Cabanyal está constituido por una singular trama urbana donde se alineaban las antiguas barracas en la que se desarrolló a principios del siglo xx una original arquitectura, principalmente modernismo popular que todavía hoy permanece. Donde se entremezclan casas con una decoración pintoresca de fachadas con azulejería artesanal valenciana, de estilo popular, con materiales pobres y sencillos pero de espectacular policromía y originalidad y que junto con las edificaciones residenciales conforman el barrio del Cabanyal. Desde aquí recomiendo su visita.

El devenir jurídico y judicial de este barrio se remonta al año 1988 cuando el Ministerio de Cultura incoa expediente de conjunto histórico artístico al Cabanyal/Canyamelar.

Para situarnos, aunque sea brevemente, el PGOU de Valencia de 1998 califica al Cabanyal como uno los conjuntos históricos protegidos de la ciudad y lo regula en sus normas urbanísticas. Sin embargo, el dilema entre prolongar la avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar se reflejaba ya entonces en esta normativa.

Pocos años después, el Decreto de 3 de mayo de 1993, del Gobierno Valenciano declaró el Cabanyal Bien de Interés Cultural. Para comprender la discusión que todavía hoy se mantiene sobre su protección es necesario conocer que el Decreto de declaración de BIC afirma como razones para la declaración de BIC las siguientes: “su estructura urbana en retícula, derivada de las alineaciones de las antiguas barracas, en la que se desarrolla una arquitectura popular con clara raigambre eclecticista” (los dos valores a proteger).

El origen de todos los problemas para el barrio comienza cuando entre 1998 y 1999 se presenta el avance del PRI (plan de reforma interior), que posteriormente pasa a denominarse PEPRI (plan especial de protección y reforma interior) y donde se prevé la famosa prolongación. Será tan solo dos años más tarde, en 2001, cuando se procederá a su aprobación tras el informe favorable de la Consellería de Cultura.

No debe perderse de vista que el objetivo del PEPRI del Cabanyal impulsado desde el Ayuntamiento de Valencia, es y ha sido siempre:

La prolongación de la avenida Blasco Ibáñez atravesando por completo el barrio del Cabanyal, quedando una avenida de 48 metros anchura.
La destrucción de dos franjas de 28,5 metros de anchura cada una, para construir sobre estos terrenos edificaciones de nueva planta.
Resultando una franja de destrucción de 105 metros de anchura, de los cuales únicamente 48 corresponden al objeto de la actuación.

Afortunadamente el PREPI fue recurrido judicialmente por la plataforma SALVEM EL CABANYAL y desde el 2004 hasta 2009 se suceden las primeras sentencias con resultados diversos para el futuro del barrio, pero que incluso pese a los intentos del Ayuntamiento de Valencia, empecinado en afirmar lo contrario, las mismas no otorgaban la razón a consistorio para la continuar con la ejecución del Plan en los términos planteados.

Tendríamos que esperar hasta el 29 de diciembre de 2009 cuando la titular del Ministerio de Cultura, Ángeles González Sinde, tras la solicitud de la plataforma, firma y publica la Orden declarando el EXPOLIO del Cabanyal mediante el PEPRI y que conducía inevitablemente a la suspensión de la ejecución del mismo. Motivo fundamental por el que hoy día el barrio resiste al amparo de esta Orden Ministerial y los desalojos y derribos se han visto frenados.

Fue apenas 8 días después cuando el Ayuntamiento de Valencia, el 7 de enero de 2010, hace a la ciudadanía valenciana un regalo de reyes, en lugar de carbón decreto ley por el que el gobierno de Camps legaliza el PEPRI del Cabanyal y deroga la declaración de BIC, declarándose además que los efectos del mismo se retrotraerán, en lo que pudiera ser necesario para su plena eficacia, al 11 de mayo de 1993, fecha de la entrada en vigor del Decreto 57/1993, de 3 de mayo, del Consell, y al 2 de abril de 2001, fecha de la aprobación definitiva del Plan Especial de Protección y de Reforma Interior del Cabanyal-Canyamelar.

Os confieso, acostumbrada como estoy a que determinadas exposiciones de motivos de las normas me arranquen alguna sonrisa o algún suspiro, que con la explicación de la extraordinaria necesidad alegada por el gobierno valenciano, para impulsar su decreto ley en tan pocos días y con tanta celeridad, me dejó perpleja. Cinismo, arrogancia y sinvergüencería a partes iguales, sumándole claro está la falta de competencia, ilegitimidad e ilegalidad de la aprobación de la misma desde un punto de vista estrictamente jurídico. Todo un derroche de “chulería” normativa, podría decirse. Opinen ustedes mismos:

“Extraordinaria necesidad, en primer lugar, porque el Plan Especial de Protección y de Reforma Interior del Cabanyal-Canyamelar no es un instrumento de planeamiento cualquiera, sino que es el Plan que mayor controversia jurídica, política y social ha suscitado en la historia de la Comunitat Valenciana, hasta el punto de haber sido objeto de nueve sentencias del Pleno de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justícia de la Comunitat Valenciana, confirmadas en sede casacional por tres sentencias de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo. A ello se une que dicho Plan es elemento básico y vertebrador de la acción protectora de la Generalitat respecto del conjunto histórico de la ciudad de Valencia, el cual constituye el patrimonio cultural más importante de la Comunitat Valenciana, según declara con toda expresividad el anexo I del Decreto 57/1993, de 3 de mayo, del Consell, por lo que tratándose de un conjunto histórico extraordinariamente importante -el más importante-, es del todo consecuente que la necesidad de mejorar la protección del mismo a través de las específicas medidas legales contenidas en este decreto-ley sea también extraordinaria.

Urgente necesidad, en segundo lugar, porque el Plan Especial de Protección y de Reforma Interior del Cabanyal-Canyamelar se encuentra ya en una fase avanzada de ejecución, estando comprometidos grandes recursos presupuestarios tanto de la Generalitat como del Ayuntamiento de Valencia, y siendo apremiante la necesidad de completar su ejecución, regenerando un entorno urbano muy degradado, estructurando las comunicaciones y conexiones del barrio del Cabanyal con el resto de la ciudad de Valencia, dando a Valencia una nueva salida al mar, y finalizando los equipamientos sociales, culturales y dotacionales que dicho Plan prevé. Paralizar la ejecución del Plan daría lugar a una situación de incertidumbre, de dejar las cosas a medias, que ahondaría la degradación del Cabanyal con el consiguiente empeoramiento de la calidad de vida de sus vecinos y del resto de ciudadanos de Valencia, menoscabando los enormes esfuerzos puestos en dicho barrio por el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat durante la última década.”

En un ejercicio de demagogia, después de intentar imponer la degradación del barrio mediante la demolición selectiva y forzando la ruina de sus edificaciones, derribando incluso edificios catalogados, afirma el gobierno valenciano en este decreto ley que el Plan no pone en peligro de pérdida o destrucción ninguno de los valores del conjunto histórico de la ciudad de Valencia ni perturba el cumplimiento de su función social sino que, antes bien, revitaliza la ciudad de Valencia en uno de sus barrios históricos más importantes y mejora la calidad de vida del mismo y el disfrute de los valores históricos del barrio del Cabanyal por sus vecinos y por el resto de ciudadanos de Valencia y de la Comunitat Valenciana.

Lo único a lo que estoy dispuesta a darles la razón es al hecho de que efectivamente se han visto comprometidos grandes recursos presupuestarios. Sepan que en 2005 se creó la empresa mixta Cabanyal 2010 (posteriormente cambiaría al actual Plan Cabanyal-Canyamelar S.A.) en la que las administraciones públicas se asociaron junto a once constructoras con el fin de llevar de ejecutar el Plan que comprometía una inversión mínima de 240 millones de euros para pagar las expropiaciones a los propietarios de las 1.600 viviendas que era necesario derribar.

Ahora, pese a los anuncios de Rita de continuar con su ejecución, la realidad es que el proyecto está paralizado por orden del Ministerio de Cultura, habiéndose gastado hasta el momento 27 millones de euros en el expolio del Cabanyal (hay quienes hablan de 40 millones), lo que es del todo inaceptable.

Otro dato a tener en cuenta es el hecho de que el Ayuntamiento y Generalitat recompran a las once constructoras su parte en el accionariado de Cabanyal 2010. El coste para las arcas públicas, según informa el Diario Público, es de 7.875.000 euros, dinero que las once empresas privadas desembolsaron, al que se añadió una compensación en concepto del IPC más un punto desde julio de 2005. Las constructoras no perdieron ni un euro pese a todo.

Retomando los vaivenes judiciales comentar que poco después de la aprobación del Decreto Ley de Camps y en defensa de los intereses del barrio y la conservación del patrimonio, el 1 de febrero de 2010 el Presidente del Gobierno (previo Dictamen del Consejo de Estado) presenta Recurso de INCONSTITUCIONALIDAD contra el Decreto-ley citado, consecuentemente el Tribunal Constitucional suspendió cautelarmente la ejecución, que posteriormente fue reiterada tras una motivada y acertada decisión judicial.

Suspensión que se mantuvo hasta la reciente retirada del recurso de inconstitucionalidad por parte del actual gobierno, afín tras las pasadas elecciones y como todo el mundo sabe al gobierno valenciano, y que impide a día de hoy conocer la resolución del Tribunal Constitucional sobre el conflicto competencial.

En cualquier caso el 5 de junio de 2012, la Audiencia Nacional dicta Sentencia desestimando el Recurso del Ayuntamiento contra la Orden del Ministerio de Cultura reiterando que según los artículos 4 y 6 de la Ley del Patrimonio Histórico, Ley 16/1985 de 25 junio, que el órgano competente para proteger o recuperar en su caso los bienes que integran dicho Patrimonio es la Administración del Estado, y así, el artículo 4 de dicha Ley, establece que en caso de peligro de pérdida a destrucción de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Español, la Administración del Estado podrá interesar en cualquier momento, con independencia de las competencias que correspondan a las Comunidades Autónomas, la adopción urgente de las medidas tendentes a evitar la expoliación.

Se confirma pues el expolio del Cabanyal, resaltando además la Audiencia Nacional que hay que incidir en la situación actual, que está suponiendo una autentica expoliación del patrimonio histórico. La ejecución del PEPRI, comenta la sentencia, en lo que se refiere a la demolición de los inmuebles que el Catalogo Municipal ha considerado dignos de protección, ya está en marcha lo que ha supuesto la expropiación de 96 inmuebles y su demolición, de ellos nueve formaban parte del conjunto histórico.

Por lo que la situación actual, tras la retirada del recurso de inconstitucional es la plena vigencia de la orden ministerial por la que se acordó que el PREPI, y por lo tanto la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez, era claramente un atentando contra el CABANYAL y expolio del patrimonio histórico.

Llegados a este punto habrá quien todavía se pregunte qué importancia tendría derribar unas cuantas casas para dejar sitio a una gran avenida, con edificios a un lado y a otro donde al final del todo apareciera el mar. Qué valor puede tener cuatro azulejos y cuatro calles dentro de una trama reticular. Pero en mi opinión el objeto de controversia debería centrarse en cuestionar a una administración pública y un gobierno que inquieta a los vecinos de un barrio insistiendo en un modelo urbanístico desfasado, que a día de hoy nos ha abocado a una profunda crisis económica, y que con todo y con eso, tras los continuos escándalos y corruptelas no cesa en el empeño de acceder al mar más rápido pasando por encima del deseo de muchas familias de permanecer en sus casas, de vivir en paz, de todo un barrio que quiere conservar su patrimonio histórico y cultural.

En cualquier caso, y dicho sea de paso, no hay necesidad de tal gasto presupuestario, de llegar al mar más rápido cuando se puede pasear tranquilamente y acabar tocando la misma arena, el mismo agua. Si además en ese paseo tienes la suerte de encontrarte con un barrio como el Cabanyal donde se respira el salitre de su pasado marinero y tomarte un respiro a mitad de camino rodeado de modernismo popular y azulejería valenciana, no encuentro los motivos de su derribo. Sin embargo, tengo muchos otros, que comparto con la plataforma SALVEM EL CABANYAL, para su conservación.

Desde aquí recomiendo nuevamente su visita, es simple, se ama lo que se conoce. Una buena oportunidad será Cabanyal Íntim, festival que se celebra el próximo mes de mayo. El Cabanyal “es un gran ejemplo del papel que desempeña la cultura en favor de los valores sociales, porque te invita a entrar en una casa y a comprobar que hay una vida, te ayuda a que entiendas su valor y a que te preguntes por qué se tiene que destruir.” Con estas palabras definió la esencia del Festival Javier Mariscal, quien de forma altruista elaboró el sello de identidad del Cabanyal Íntim y diseñó el cartel de su tercera edición, celebrada en 2013, según afirman en su web los organizadores.

Una visita al Cabanyal, un par de cervezas en sus bares, una charla con sus vecinos y una obra de teatro en plena primavera en cualquiera de sus casas. No sé me ocurre que más pedir.

<- Volver a Prensa