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La ocupación asedia el Cabanyal

2014-03-03Publicat per:
El Cabanyal está en punto muerto. La paralización de los derribos para abrir la avenida Blasco Ibáñez, algo que ya se contemplaba hace un siglo, se ha enquistado a la espera de que el Gobierno central, Generalitat y Ayuntamiento aclaren qué se puede hacer y qué no con un barrio que pide a gritos una solución inmediata.
Este compás de espera es el escenario ideal para que los que ocupan casas de forma ilegal entren con el método de la patada en la puerta o el butrón en la pared en aquellas casas que están en el limbo, sin poder rehabilitarse y sin poder derribarse.
Los que entran en estas viviendas no sólo las ocupan, además las desvalijarlan. Es una operación de autodestrucción. No se permiten derribos, pero los moradores ilegales ya se encargan de destruir.
En una casa de propiedad particular de la calle San Pedro que estaba tapiada y apuntalada el dueño han tenido que destapiarla y actuar por orden de ejecución porque los ocupas de casas colindantes habían generado escombros en el interior.
Esta misma semana lo han podido sufrir en primera persona los propietarios de otra finca entera de Vidal de Canelles. «Algunos de los pisos los habíamos arreglado la familia para poderlos sacar en alquiler. Como ya tuvimos que ir dos veces a juicio porque no pagaban alquileres optamos por cerrar la finca, pero luego hemos sufrido varias ocupaciones ilegales», explica M. N.
El lunes consiguieron por orden judicial que los últimos 'ocupas' que han pasado por su propiedad dejaran las casas que se había convertido en una fonda. La cuestión es en qué estado las han dejado. «Habíamos cambiado las puertas, arreglado cocinas y los 'ocupas' han sido capaces de robar y vender los electrodomésticos y, luego, arrancar marcos de puertas y ventanas para sacar dinero». Lo peor, es que se quedaron a vivir en estas condiciones.
«Los suelos, que son de baldosas hidráulicas de muchos colores, casi ni se aprecian por la cantidad de mugre que tienen encima. Han arrancado las cerámicas de las cocinas, las cazuelas de comida estaban por el suelo y no hay mueble alguno. Vivían con colchones tirados por el suelo y con restos de chatarra por todos los lados. No se puede decir todo lo que hemos sufrido», añade.
Otra de las herederas de esta propiedad incluso matiza: «Yo estoy viviendo con mi marido y mis hijos en casa de mis padres porque no tengo casa y no puedo ir a vivir allí tal como han dejado la casa y resulta que encima nos tenemos que gastar dinero para pagar abogados y procurador y poderlos tirar».
Estos propietarios aseguran que más de una vez oyen comentarios «de que los dueños lo tenemos abandonado y no es así. En su momento lo arreglamos y nos lo han destrozado y mi tía que vivía en una casa, se fue tres días de vacaciones y cuando volvió, tenía la casa ocupada. No pudo ni entrar a por la ropa».
No pueden ni donarla
Acudieron a la oficina del Cabanyal para ver si les compraban las casas, pero de momento no han pasado de la fase de información. «En más de una ocasión hemos pensado en donarla a una fundación o a la Iglesia, pero hasta eso nos cuesta dinero por los impuestos de donación. Estamos pensando en ponerla a la venta con inmobiliarias».
Pero su caso no es el único. Otro matrimonio detalla que hace cuatro años tenían apalabrada la venta de la casa en la oficina del Cabanyal, «pero todavía no nos han llamado para comprarla. Al poco de ir a negociar, nos ocuparon la casa. No sabemos cómo se enteran de las que están vacías y casualmente sólo entran en las casas de la gente que sí queremos la avenida», indican.
Este matrimonio sufrió los ocupas durante dos años, hasta que por vía judicial los echaron. «Una vez, estando los 'ocupas' tomando la fresca en la puerta me quedé mirando la casa y una de las chicas me invitó a ver la casa por dentro y me decía que la habían puesto luces nuevas. Y le tuve que decir que esa casa que estaban ocupando era nuestra».
Encontró la casa llena de colchones, basura, «con el baño a rebosar de excrementos y con muchos pelos de los perros que tenían los perroflautas».
Este matrimonio y su familia tienen otras casitas pequeñas por el barrio «y nos toca hacer guardia, ir todas las mañanas y tardes a vigilarlas y a fregar el suelo de la acera para que no nos entren. Incluso hemos puesto un perro que parece de verdad al lado de la ventana para que no nos la ocupen».
En la calle San Pedro una familia también montaba guardia todos los días y en horarios distintos. «Llegó un momento que los ocupas que había en el piso de arriba usaron una escalera para bajar a nuestra casa e inutilizaron la puerta. Ya no hemos podido entrar», indica la mujer. El marido falleció recientemente «y una de sus últimas voluntades fue que vendiera la casa a la oficina del Cabanyal porque no quería que yo tuviera que estar todos los días montando guardia, como hacía él».
Los dueños de un bar cerca del parque de Lorenzo la Flor han tenido que cerrar. «Los vecinos de toda la vida no se atreven a pasar por aquí y los que ocupan no consumen, al revés, sólo vienen a ver qué se llevan de las casas. Las están destrozando. Y encima no para de pasar gente a comprar droga. Cuando vengan a derribar las casas para hacer la avenida, las casas ya estarán en el suelo. El problema es si acaban cayendo encima de alguien».

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