12 Anys de resistència sense pausa

“Podemos hacer…”. En las asambleas de Salvem El Cabanyal a menudo hay alguien que arranca así una frase que acaba en una nueva propuesta para defender que el barrio se puede rehabilitar sin tirar abajo más de 450 edificios para prolongar la avenida de Blasco Ibáñez. Es así desde hace casi 12 años, cada semana.“Podemos hacer…”. En las asambleas de Salvem El Cabanyal a menudo hay alguien que arranca así una frase que acaba en una nueva propuesta para defender que el barrio se puede rehabilitar sin tirar abajo más de 450 edificios para prolongar la avenida de Blasco Ibáñez. Es así desde hace casi 12 años, cada semana.“Podemos hacer…”. En las asambleas de Salvem El Cabanyal a menudo hay alguien que arranca así una frase que acaba en una nueva propuesta para defender que el barrio se puede rehabilitar sin tirar abajo más de 450 edificios para prolongar la avenida de Blasco Ibáñez. Es así desde hace casi 12 años, cada semana.

El movimiento vecinal contra el proyecto del gobierno local de Rita Barberá nació, como muchos otros, al calor de la polémica del momento, pero ha demostrado una constancia y una tenacidad como pocos. Las ideas y las personas no han dejado de fluir en una plataforma sin jerarquías, de funcionamiento asambleario pero con criterios de organización que han mantenido visible la resistencia al plan y la alternativa que defiende. Por las asambleas y la plataforma han pasado “miles de personas” porque el movimiento “siempre ha sido una esponja que suma gente e ideas para hacer cosas”, sostiene Faustino Villora, su portavoz durante muchos años.

“De la primera asamblea a la que fui me queda una imagen: la señora Lola, ya fallecida, con aspecto de beata, hablando con un chico de estética okupa. No tenían nada que ver, pero ahí estaban hablando, de buen rollo”, cuenta Rosi Moreno, que se unió al colectivo cuando ya estaba en marcha. Gente dispar con un objetivo común, como suele ser en estos casos, pero con capacidad de aglutinar y mantener la raíz en el barrio. “Es imposible que un movimiento como el nuestro, con la capacidad de reaccionar que hemos demostrado, no esté integrado en el barrio”, sostiene Villora. Nadie se apunta ni se borra, cada cual aporta lo que puede o mejor sabe. “Siempre hay alguien que sigue cuando otro no puede más”, explica Maribel Doménech, actual portavoz.

Tina Díaz vino de fuera y lo suyo fue “un flechazo con El Cabanyal”. Colgó su primera pancarta del balcón en 1998, sin coordinarse con nadie. Para entonces ya eran muchos los que habían pasado por la asociación de vecinos para informarse, y ya se habían presentado miles de firmas contra la prolongación que el PP no aceptó. La protesta sobrepasó a la asociación, que debía atender más frentes, y así nació en una asamblea en el Ateneo Marítimo la idea de una plataforma específica para combatir el plan. No se complicaron con el nombre y adoptaron el salvem que ya usaba el colectivo cívico contrario a un hotel junto al Botànic. Tres cenas populares en el verano de 1998 inauguraron una lista de actividades y acciones que hoy continúan sin pausa. Su voz se ha oído en foros de arquitectos, urbanistas y artistas, en jornadas, en conciertos. En los tribunales, donde lograron que el Gobierno se pronunciara sobre el posible expolio. En el barrio, abriendo las casas a los ciudadanos y al arte en las jornadas anuales de Portes Obertes. En Valencia o fuera de ella. En un viaje a París se topó la alcaldesa con una pancarta de Salvem El Cabanyal, y con otra cuando presentó en Bruselas la Copa del América.

“Hemos tenido una presencia continuada, aunque con la pancarta viajáramos cuatro. Y siempre nos ha dado mucha fuerza moral la gente mayor del barrio”, afirma el escultor Emilio Martínez. Mayores o jóvenes “que han seguido mejorando sus casas, barriendo la calle, con orgullo por el barrio”, añade Doménech. A pesar de la degradación, de la droga y la delincuencia que se han adueñado de parte de la zona. Problemas que no deja de denunciar la asociación de vecinos de El Cabanyal-Canyamelar y que se han acentuado en los últimos años. Lo sabe bien su vicepresidente, Vicente Gallart, pata negra de El Cabanyal, que como muchos ve tras ello “una estrategia de degradación” para intentar favorecer el planteamiento municipal de que toda solución pasa por la prolongación.

Así lo esperan vecinos como Maite Gallart, una de las personas que han recogido miles de firmas a favor del plan tras la orden de suspensión del Gobierno en enero. “Nos hemos movido ahora porque creíamos que se haría la avenida y no podemos seguir así”, afirma. La alcaldesa ya ha hablado con este grupo dos veces. A la plataforma Salvem El Cabanyal no la ha recibido en 12 años.

El movimiento vecinal contra el proyecto del gobierno local de Rita Barberá nació, como muchos otros, al calor de la polémica del momento, pero ha demostrado una constancia y una tenacidad como pocos. Las ideas y las personas no han dejado de fluir en una plataforma sin jerarquías, de funcionamiento asambleario pero con criterios de organización que han mantenido visible la resistencia al plan y la alternativa que defiende. Por las asambleas y la plataforma han pasado “miles de personas” porque el movimiento “siempre ha sido una esponja que suma gente e ideas para hacer cosas”, sostiene Faustino Villora, su portavoz durante muchos años.

“De la primera asamblea a la que fui me queda una imagen: la señora Lola, ya fallecida, con aspecto de beata, hablando con un chico de estética okupa. No tenían nada que ver, pero ahí estaban hablando, de buen rollo”, cuenta Rosi Moreno, que se unió al colectivo cuando ya estaba en marcha. Gente dispar con un objetivo común, como suele ser en estos casos, pero con capacidad de aglutinar y mantener la raíz en el barrio. “Es imposible que un movimiento como el nuestro, con la capacidad de reaccionar que hemos demostrado, no esté integrado en el barrio”, sostiene Villora. Nadie se apunta ni se borra, cada cual aporta lo que puede o mejor sabe. “Siempre hay alguien que sigue cuando otro no puede más”, explica Maribel Doménech, actual portavoz.

Tina Díaz vino de fuera y lo suyo fue “un flechazo con El Cabanyal”. Colgó su primera pancarta del balcón en 1998, sin coordinarse con nadie. Para entonces ya eran muchos los que habían pasado por la asociación de vecinos para informarse, y ya se habían presentado miles de firmas contra la prolongación que el PP no aceptó. La protesta sobrepasó a la asociación, que debía atender más frentes, y así nació en una asamblea en el Ateneo Marítimo la idea de una plataforma específica para combatir el plan. No se complicaron con el nombre y adoptaron el salvem que ya usaba el colectivo cívico contrario a un hotel junto al Botànic. Tres cenas populares en el verano de 1998 inauguraron una lista de actividades y acciones que hoy continúan sin pausa. Su voz se ha oído en foros de arquitectos, urbanistas y artistas, en jornadas, en conciertos. En los tribunales, donde lograron que el Gobierno se pronunciara sobre el posible expolio. En el barrio, abriendo las casas a los ciudadanos y al arte en las jornadas anuales de Portes Obertes. En Valencia o fuera de ella. En un viaje a París se topó la alcaldesa con una pancarta de Salvem El Cabanyal, y con otra cuando presentó en Bruselas la Copa del América.

“Hemos tenido una presencia continuada, aunque con la pancarta viajáramos cuatro. Y siempre nos ha dado mucha fuerza moral la gente mayor del barrio”, afirma el escultor Emilio Martínez. Mayores o jóvenes “que han seguido mejorando sus casas, barriendo la calle, con orgullo por el barrio”, añade Doménech. A pesar de la degradación, de la droga y la delincuencia que se han adueñado de parte de la zona. Problemas que no deja de denunciar la asociación de vecinos de El Cabanyal-Canyamelar y que se han acentuado en los últimos años. Lo sabe bien su vicepresidente, Vicente Gallart, pata negra de El Cabanyal, que como muchos ve tras ello “una estrategia de degradación” para intentar favorecer el planteamiento municipal de que toda solución pasa por la prolongación.

Así lo esperan vecinos como Maite Gallart, una de las personas que han recogido miles de firmas a favor del plan tras la orden de suspensión del Gobierno en enero. “Nos hemos movido ahora porque creíamos que se haría la avenida y no podemos seguir así”, afirma. La alcaldesa ya ha hablado con este grupo dos veces. A la plataforma Salvem El Cabanyal no la ha recibido en 12 años.

El movimiento vecinal contra el proyecto del gobierno local de Rita Barberá nació, como muchos otros, al calor de la polémica del momento, pero ha demostrado una constancia y una tenacidad como pocos. Las ideas y las personas no han dejado de fluir en una plataforma sin jerarquías, de funcionamiento asambleario pero con criterios de organización que han mantenido visible la resistencia al plan y la alternativa que defiende. Por las asambleas y la plataforma han pasado “miles de personas” porque el movimiento “siempre ha sido una esponja que suma gente e ideas para hacer cosas”, sostiene Faustino Villora, su portavoz durante muchos años.

“De la primera asamblea a la que fui me queda una imagen: la señora Lola, ya fallecida, con aspecto de beata, hablando con un chico de estética okupa. No tenían nada que ver, pero ahí estaban hablando, de buen rollo”, cuenta Rosi Moreno, que se unió al colectivo cuando ya estaba en marcha. Gente dispar con un objetivo común, como suele ser en estos casos, pero con capacidad de aglutinar y mantener la raíz en el barrio. “Es imposible que un movimiento como el nuestro, con la capacidad de reaccionar que hemos demostrado, no esté integrado en el barrio”, sostiene Villora. Nadie se apunta ni se borra, cada cual aporta lo que puede o mejor sabe. “Siempre hay alguien que sigue cuando otro no puede más”, explica Maribel Doménech, actual portavoz.

Tina Díaz vino de fuera y lo suyo fue “un flechazo con El Cabanyal”. Colgó su primera pancarta del balcón en 1998, sin coordinarse con nadie. Para entonces ya eran muchos los que habían pasado por la asociación de vecinos para informarse, y ya se habían presentado miles de firmas contra la prolongación que el PP no aceptó. La protesta sobrepasó a la asociación, que debía atender más frentes, y así nació en una asamblea en el Ateneo Marítimo la idea de una plataforma específica para combatir el plan. No se complicaron con el nombre y adoptaron el salvem que ya usaba el colectivo cívico contrario a un hotel junto al Botànic. Tres cenas populares en el verano de 1998 inauguraron una lista de actividades y acciones que hoy continúan sin pausa. Su voz se ha oído en foros de arquitectos, urbanistas y artistas, en jornadas, en conciertos. En los tribunales, donde lograron que el Gobierno se pronunciara sobre el posible expolio. En el barrio, abriendo las casas a los ciudadanos y al arte en las jornadas anuales de Portes Obertes. En Valencia o fuera de ella. En un viaje a París se topó la alcaldesa con una pancarta de Salvem El Cabanyal, y con otra cuando presentó en Bruselas la Copa del América.

“Hemos tenido una presencia continuada, aunque con la pancarta viajáramos cuatro. Y siempre nos ha dado mucha fuerza moral la gente mayor del barrio”, afirma el escultor Emilio Martínez. Mayores o jóvenes “que han seguido mejorando sus casas, barriendo la calle, con orgullo por el barrio”, añade Doménech. A pesar de la degradación, de la droga y la delincuencia que se han adueñado de parte de la zona. Problemas que no deja de denunciar la asociación de vecinos de El Cabanyal-Canyamelar y que se han acentuado en los últimos años. Lo sabe bien su vicepresidente, Vicente Gallart, pata negra de El Cabanyal, que como muchos ve tras ello “una estrategia de degradación” para intentar favorecer el planteamiento municipal de que toda solución pasa por la prolongación.

Así lo esperan vecinos como Maite Gallart, una de las personas que han recogido miles de firmas a favor del plan tras la orden de suspensión del Gobierno en enero. “Nos hemos movido ahora porque creíamos que se haría la avenida y no podemos seguir así”, afirma. La alcaldesa ya ha hablado con este grupo dos veces. A la plataforma Salvem El Cabanyal no la ha recibido en 12 años.