La Setmana Santa i la prolongació de Blasco Ibañez

El patrimonio histórico de los pueblos no son tanto sus edificios materiales, su urbanismo, sus tesoros artísticos. El legado histórico lo componen  las expresiones colectivas tanto seculares como religiosas que a lo largo del tiempo forman parte de su memoria histórica y que anualmente son revividas. Por esas tradiciones se sienten los individuos identificados con un lugar geográfico, en aquel que nacieron, donde quienes les precedieron y ellos mismos repiten determinada expresión festiva, a ellos se unen los que por diferentes motivos forman parte de esa comunidad. Como nos enseña la antropología y la sociología, el folclore de un pueblo es la parte vital de su ser. Para los poblados marítimos de Valencia, es decir para el Cabanyal, Canyamelar y Grau ha sido la celebración de la Semana Santa, la fiesta mayor de nuestro pueblo, señal de identificación y peculiaridad. A pesar de pertenecer desde 1897 a la ciudad de Valencia, aquí se continuaron las manifestaciones religiosas y populares que teniendo su origen en la evolución histórica urbana de estos núcleos (siglos XIV y XV) están documentadas en los siglos XVIII y XIX, siendo en el primer tercio del XX cuando se llegó a su estructuración en una Junta Mayor coordinadora de los actos de las tres parroquias.El patrimonio histórico de los pueblos no son tanto sus edificios materiales, su urbanismo, sus tesoros artísticos. El legado histórico lo componen las expresiones colectivas tanto seculares como religiosas que a lo largo del tiempo forman parte de su memoria histórica y que anualmente son revividas. Por esas tradiciones se sienten los individuos identificados con un lugar geográfico, en aquel que nacieron, donde quienes les precedieron y ellos mismos repiten determinada expresión festiva, a ellos se unen los que por diferentes motivos forman parte de esa comunidad. Como nos enseña la antropología y la sociología, el folclore de un pueblo es la parte vital de su ser. Para los poblados marítimos de Valencia, es decir para el Cabanyal, Canyamelar y Grau ha sido la celebración de la Semana Santa, la fiesta mayor de nuestro pueblo, señal de identificación y peculiaridad. A pesar de pertenecer desde 1897 a la ciudad de Valencia, aquí se continuaron las manifestaciones religiosas y populares que teniendo su origen en la evolución histórica urbana de estos núcleos (siglos XIV y XV) están documentadas en los siglos XVIII y XIX, siendo en el primer tercio del XX cuando se llegó a su estructuración en una Junta Mayor coordinadora de los actos de las tres parroquias.

Precisamente este año se han conmemorado los setenta y cinco años de su constitución. No olvidemos que el Grau, el Cabanyal y el Canyamelar tienen su origen junto a sus respectivas parroquias, Santa Maria del Mar, Nuestra Señora de los Angeles y Nuestra Señora del Rosario. Su evolución urbana a lo largo de los dos últimos siglos, de sur a norte, ha configurado un espacio donde se generó una forma de vivir con todas las ventajas de un pueblo siendo un barrio de la ciudad, con un espacio desarrollado en damero, es decir calles cortadas perpendicularmente formando manzanas rectangulares y en ocasiones cuadradas y aunque las alturas de los edificios son en algunas calles desproporcionadas, el conjunto del Cabanyal fue declarado por el Ministerio de Cultura en 1991 Bien de Interés Cultural. Las celebraciones de Semana Santa son de ámbito universal, a lo largo de la historia y según los pueblos estas manifestaciones se han ido exteriorizando de formas diferentes, no podía ser menos entre nosotros, desde la fundación de la Cofradia de Penitents i Disciplinants, a finales del siglo XIV en la parroquia de Santa Maria del Mar, pasando por la organización de Corporaciones Armadas de Granaderos a principios del XIX y llegando a fines del siglo XX con una participación activa de más de 5.000 cofrades, siendo la segunda fiesta en importancia del municipio después de las fallas.

Estas seculares manifestaciones populares tienen como toda representación un espacio público, siendo ese marco anual urbano las calles del Cabanyal, Canyamelar y Grau, e incluso más allá las casas se convierten en esta semana en prolongación de los templos para albergar las mismas imágenes que reciben culto en las parroquias.

Espacio urbano y viviendas son necesariamente el soporte de esta manifestación, los días de esta semana es un continuo deambular por las calles y plazas y la fiesta crea una unión entre los que viven y los que vivieron creando una identificación ente individuos, pueblo y celebración festiva.

Según todos los datos que manejamos nuestra fiesta se encuentra en uno de los momentos de máximo esplendor. La celebración en el otoño de 1997 de la magna exposición «El rostro de la Semana Santa» congregó en el recién repristinado edificio de las Atarazanas una muestra única de todo el patrimonio de las veintisiete cofradías recibiendo múltiples elogios como atestigua el libro de la Junta Mayor de 1998, contemplando esta exposición más de 50.000 personas.

Con la rehabilitación y acondicionamiento por parte del Ayuntamiento de antiguo Molino de Arroz para la sede del Museo y Junta Mayor de Semana Santa se ha llevado a cabo uno de los mayores deseos de quienes estamos vinculados de alguna manera a la Fiesta.

La celebración en el Palau de Congresos de nuestra ciudad en septiembre próximo del XII Encuentro de Cofradias de Semana Santa es una muestra más del nivel alcanzado.

Volvamos al marco urbano donde anualmente transcurren las procesiones. La geografía de la Semana Santa, si se nos permite esta expresión, es el paralelogramo formado sobre el plano de nuestro distrito con los limites siguientes, al norte la Avenida de los Naranjos, al oeste el Bulevar Serrería, (verdadera muralla y limite entre la ciudad y nuestro distrito hasta el soterramiento en abril de 1991 de las vías del ferrocarril Valencia-Barcelona), y al Sur la Avenida de Francia. Este espacio esta repartido entre las demarcaciones parroquiales de las tres parroquias ya mencionadas y la de Cristo Redentor-San Rafael Arcángel, creada en los años cuarenta.

Una cuestión importante y digna de considerar para la continuidad de las procesiones de Semana Santa en este su espacio vital es la grave incidencia de la prolongación de la Avenida de Blasco lbañez hasta el mar con la consiguiente ruptura de la trama urbana en la que se desarrolla una parte de la fiesta.

Con este polémico proyecto se parte en dos un espacio urbano que ha seguido un desarrollo lógico, con un trazado de plano en damero con manzanas y calles proporcionadas, como ya hemos dicho antes. Un acto importante parroquial es el que se realiza en la mañana del Viernes Santo: las calles del barrio son serpenteadas por cuatro procesiones siguiendo un tradicional itinerario por cada una de las demarcaciones parroquiales, son los famosos pasos, es decir el vía crucis sobre las fachadas de nuestras casas, azulejos en número de catorce por cada feligresía convierten las calles en cuatro simultáneos Caminos del Calvario. La avenida, por sus dimensiones y espacios ajardinados con calles laterales paralelas, reduciría casi totalmente la demarcación de una parroquia y cercenaría parte de otra. Los proyectados edificios, sus alturas, con la multiplicación del tráfico viario, impediría seriamente el desarrollo procesional y partiría en dos las procesiones de Semana Santa.

Un ejemplo lo tenemos con la Avenida del Puerto donde discurren los desfiles procesionales de su parroquia, el cruce de esta vía es bastante problemático para su desarrollo teniendo lugar casi siempre en la parte norte de la avenida, existiendo gran incompatibilidad entre procesiones y tráfico.

Si razones urbanas y sociológicas se han expuesto para una reconsideración de este proyecto no debe faltar esta que estamos proponiendo y lo hacemos porque conocemos la fiesta y su pasado histórico y queremos preservarla, pues a nuestro parecer la prolongación seria muy negativa, como no cesamos de repetir, reivindicando la alternativa de una rehabilitación integral que conservara este espacio que desde presupuestos actuales nos llevaría a poseer un barrio dinámico recuperándolo y dando mayor esplendor a las celebraciones pues, si el teatro es mejor y más confortable, magníficas y únicas serán las representaciones.

Francesc Amat Torres

Licenciado en Geografía e Historia

Cabanyal, 25 de Abril de 2000

Precisamente este año se han conmemorado los setenta y cinco años de su constitución. No olvidemos que el Grau, el Cabanyal y el Canyamelar tienen su origen junto a sus respectivas parroquias, Santa Maria del Mar, Nuestra Señora de los Angeles y Nuestra Señora del Rosario. Su evolución urbana a lo largo de los dos últimos siglos, de sur a norte, ha configurado un espacio donde se generó una forma de vivir con todas las ventajas de un pueblo siendo un barrio de la ciudad, con un espacio desarrollado en damero, es decir calles cortadas perpendicularmente formando manzanas rectangulares y en ocasiones cuadradas y aunque las alturas de los edificios son en algunas calles desproporcionadas, el conjunto del Cabanyal fue declarado por el Ministerio de Cultura en 1991 Bien de Interés Cultural. Las celebraciones de Semana Santa son de ámbito universal, a lo largo de la historia y según los pueblos estas manifestaciones se han ido exteriorizando de formas diferentes, no podía ser menos entre nosotros, desde la fundación de la Cofradia de Penitents i Disciplinants, a finales del siglo XIV en la parroquia de Santa Maria del Mar, pasando por la organización de Corporaciones Armadas de Granaderos a principios del XIX y llegando a fines del siglo XX con una participación activa de más de 5.000 cofrades, siendo la segunda fiesta en importancia del municipio después de las fallas.

Estas seculares manifestaciones populares tienen como toda representación un espacio público, siendo ese marco anual urbano las calles del Cabanyal, Canyamelar y Grau, e incluso más allá las casas se convierten en esta semana en prolongación de los templos para albergar las mismas imágenes que reciben culto en las parroquias.

Espacio urbano y viviendas son necesariamente el soporte de esta manifestación, los días de esta semana es un continuo deambular por las calles y plazas y la fiesta crea una unión entre los que viven y los que vivieron creando una identificación ente individuos, pueblo y celebración festiva.

Según todos los datos que manejamos nuestra fiesta se encuentra en uno de los momentos de máximo esplendor. La celebración en el otoño de 1997 de la magna exposición «El rostro de la Semana Santa» congregó en el recién repristinado edificio de las Atarazanas una muestra única de todo el patrimonio de las veintisiete cofradías recibiendo múltiples elogios como atestigua el libro de la Junta Mayor de 1998, contemplando esta exposición más de 50.000 personas.

Con la rehabilitación y acondicionamiento por parte del Ayuntamiento de antiguo Molino de Arroz para la sede del Museo y Junta Mayor de Semana Santa se ha llevado a cabo uno de los mayores deseos de quienes estamos vinculados de alguna manera a la Fiesta.

La celebración en el Palau de Congresos de nuestra ciudad en septiembre próximo del XII Encuentro de Cofradias de Semana Santa es una muestra más del nivel alcanzado.

Volvamos al marco urbano donde anualmente transcurren las procesiones. La geografía de la Semana Santa, si se nos permite esta expresión, es el paralelogramo formado sobre el plano de nuestro distrito con los limites siguientes, al norte la Avenida de los Naranjos, al oeste el Bulevar Serrería, (verdadera muralla y limite entre la ciudad y nuestro distrito hasta el soterramiento en abril de 1991 de las vías del ferrocarril Valencia-Barcelona), y al Sur la Avenida de Francia. Este espacio esta repartido entre las demarcaciones parroquiales de las tres parroquias ya mencionadas y la de Cristo Redentor-San Rafael Arcángel, creada en los años cuarenta.

Una cuestión importante y digna de considerar para la continuidad de las procesiones de Semana Santa en este su espacio vital es la grave incidencia de la prolongación de la Avenida de Blasco lbañez hasta el mar con la consiguiente ruptura de la trama urbana en la que se desarrolla una parte de la fiesta.

Con este polémico proyecto se parte en dos un espacio urbano que ha seguido un desarrollo lógico, con un trazado de plano en damero con manzanas y calles proporcionadas, como ya hemos dicho antes. Un acto importante parroquial es el que se realiza en la mañana del Viernes Santo: las calles del barrio son serpenteadas por cuatro procesiones siguiendo un tradicional itinerario por cada una de las demarcaciones parroquiales, son los famosos pasos, es decir el vía crucis sobre las fachadas de nuestras casas, azulejos en número de catorce por cada feligresía convierten las calles en cuatro simultáneos Caminos del Calvario. La avenida, por sus dimensiones y espacios ajardinados con calles laterales paralelas, reduciría casi totalmente la demarcación de una parroquia y cercenaría parte de otra. Los proyectados edificios, sus alturas, con la multiplicación del tráfico viario, impediría seriamente el desarrollo procesional y partiría en dos las procesiones de Semana Santa.

Un ejemplo lo tenemos con la Avenida del Puerto donde discurren los desfiles procesionales de su parroquia, el cruce de esta vía es bastante problemático para su desarrollo teniendo lugar casi siempre en la parte norte de la avenida, existiendo gran incompatibilidad entre procesiones y tráfico.

Si razones urbanas y sociológicas se han expuesto para una reconsideración de este proyecto no debe faltar esta que estamos proponiendo y lo hacemos porque conocemos la fiesta y su pasado histórico y queremos preservarla, pues a nuestro parecer la prolongación seria muy negativa, como no cesamos de repetir, reivindicando la alternativa de una rehabilitación integral que conservara este espacio que desde presupuestos actuales nos llevaría a poseer un barrio dinámico recuperándolo y dando mayor esplendor a las celebraciones pues, si el teatro es mejor y más confortable, magníficas y únicas serán las representaciones.

Francesc Amat Torres

Licenciado en Geografía e Historia

Cabanyal, 25 de Abril de 2000