MARTÍN PACHECO. Voluntades. Levante-emv. 16/04/2000

Nada de lo que ocurre en la ciudad debería resultarnos ajeno, puesto que somos ciudadanos. Y ya que debemos tomar partido, me sumo a los ciudadanos que se manifiestan en el Parterre: la mejor razón está de su parte.

Voluntades   MARTÍN PACHECO

EL enfrentamiento renovado entre el Consell y la Universitat requiere una lectura, una interpretación, que trascienda la polémica puntual que ahora mismo les (nos) ocupa: la publicación de los estatutos y la discusión en torno a uno de sus artículos (el 167.4). Tendríamos que cuestionarnos el porqué de esa manifiesta hostilidad del Gobierno que preside Eduardo Zaplana hacia la Universitat, a cuyos miembros, no deja de ser evidente, percibe como enemigos.   También deberíamos cuestionarnos esa manifiesta voluntad contra la lengua, ese continuo poner trabas a cualquier medida que beneficie su desarrollo, que la promueva o la defienda. Voluntad hostil que ahora se manifiesta en la interpretación de un artículo de los estatutos; que se condensa en el sentido (dicen que ambiguo) de su redacción, pero que responde a una actitud persistente en el tiempo (dilatada) y siempre contraria (dilatoria), nunca camino y siempre obstáculo. Es lógico que en las sociedades bilingües surjan conflictos en torno a esta cuestión, incluso que en esos conflictos se cometan errores de bulto por las partes implicadas, pero así como, por ejemplo, el alineamiento del Gobierno de Catalunya en estas cuestiones —acertado o no— siempre resulta natural (digo natural), el de la Generalitat de aquí resulta antinatural e incomprensible: siempre son ellos quienes ponen trabas, quienes, amparándose tras la fachada de los grandes ideales («evitar conflictos sociales»; «defensa cosmopolita del saber»…),no dejan de manifestar su antivoluntad.   Nunca solucionan, siempre problematizan; siempre ven peligros en la trinchera de lo que en realidad peligra. Sinceramente: no es que les critique (que sí), es que no les entiendo (que también).   Para voluntad positiva la de los miembros de la plataforma Salvem el Cabanyal. Frente a la fría racionalidad del tiralíneas y la especulación mantienen una férrea oposición a la destrucción de su barrio, un entramado histórico y humano amenazado por la voracidad desbocada de unos pocos que dicen representar los intereses de la mayoría. Nada de lo que ocurre en la ciudad debería resultarnos ajeno, puesto que somos ciudadanos. Y ya que debemos tomar partido, me sumo a los ciudadanos que se manifiestan en el Parterre: la mejor razón está de su parte.